Cada plato nuevo son cinco ingredientes más que controlar, y cada ingrediente tiene su proveedor, su precio y su curva. Con cuarenta referencias, calcular el margen real de cada una a mano es imposible, así que se deja de hacer y se gobierna por intuición.
Y lo que se deja de medir se deteriora en silencio. El plato estrella deja de serlo, el que menos se vende resulta ser el que mejor margen daba, y las decisiones de carta se toman durante años sobre una hoja de cálculo de hace dos.
El agujero no está solo en la cocina. Está en la comisión que pagas por cada reserva de un cliente que ya era tuyo, en las horas de cuadrante que nadie apunta y en el cuaderno de APPCC que se rellena la mañana de la inspección.